Libros

Carta de una desconocida – Stefan Zweig

Hola, lectores. Hoy estoy muy feliz porque les traigo dos historias de Stefan Zweig, de este autor ya les había hablado de Veinticuatro horas en la vida de una mujer, y, al igual que con esa novela corta, estas dos historias me gustaron muchísimo. Este autor tiene una característica especial, al menos en estas tres historias que he leído, y es que logra tomar un personaje secundario que, a ojos del protagonista, es una persona común y corriente, pero que cuando se le da la oportunidad de hablar y de contar su historia, nos demuestra que el pasado de las personas es algo que no conocemos y que puede llegar a ser sorprendente. Entonces, después de leer a Zweig, siempre quedo con la idea “¿cuál será la historia de ese desconocido? ¿Será tan interesante como para crear una historia a partir de ella?”.

Bueno, dejando de lado los preámbulos, les voy a contar de qué tratan esas historias.

Carta de una desconocida

La historia comienza cuando un famoso novelista regresa a su casa después de uno de sus viajes. Es el día de su cumpleaños número 41. En su casa lo recibe toda la correspondencia atrasada, la revisa y hay un sobre que le llama la atención, cuya letra es desconocida y parece ser de gran tamaño. Se sienta y comienza a leerla.

Esa carta es la historia de una joven, cuyo nombre nunca conocemos. La carta la comienza a escribir la noche que su hijo pequeño muere y ella se siente enferma y cree que también está a punto de morir. Por tanto, desea que ese hombre conozca su historia antes de desaparecer.

En su relato cuenta cómo ella vivía en el mismo edificio del hombre cuando era una adolescente, en el apartamento justo al frente del de él. Le cuenta cuáles fueron sus primeras impresiones al ver sus muebles y, principalmente, la pila de libros que llegaba con la mudanza, pues ella vivía ahí antes de que él llegara. Después, narra cómo lo conoció por primera vez y la forma en que le habló un día. Así, poco a poco, ella se fue enamorando de él (o, en mi opinión, de la idea que tenía de él). Cuenta como su vida fue cambiando, pero su amor por él persistía. También todo lo que hizo para poder estar con él y cómo su vida cambió después de eso.

El hombre, al final de la lectura, cree tener una idea de quién podría ser ella, pero, al final, es solo un recuerdo borroso, una más de todas las mujeres que alguna vez estuvo en su vida y por la que no sintió más cariño que por la anterior a ella.

No puedo decir mucho sobre la narración de la carta, puesto que sabe mejor cuando se lee. Stefan Zweig tienen una muy bonita forma de contar las historias. Ahora bien, debo confesar que tengo una relación conflictiva con esta mujer. En un principio, sentía mucha lástima por ella y, al menos un poco, empatía. Sin embargo, conforme fue avanzando en la historia de su vida, llegó un punto en que me hartó su nivel de obsesión y su incapacidad de seguir adelante con su vida. Entonces, sentía enojo y frustración por las decisiones que tomaba. No obstante eso, la historia me encantó.

Una partida de ajedrez

Esta historia toma lugar a bordo de un trasatlántico que se dirige hacia Buenos Aires. El protagonista recibe la noticia que será compañero de viaje del gran Czentovic, el campeón mundial de ajedrez. Este Czentovic, al parecer, tiene un origen un poco fuera de lo común (no obstante, no es este el personaje cuya historia nos llama más la atención, ya verán por qué). Cuentan que de doce años fue recogido por un sacerdote después de quedar huérfano. Este hombre intenta educarlo, pero no hay forma de que logre aprender nada. El párroco pierde la esperanza en el joven hasta que este demuestra tener una gran habilidad para el juego del ajedrez. Así es como comienza su trayectoria hacia la más absoluta fama en ese juego.

El protagonista, luego de unos días de viaje conoce a McConnor, un hombre rico y un poco obstinado en cuanto a sus capacidades se refiere. Cuando se dio cuenta de que Czentovic era el campeón mundial, decidió que él debía jugar una partida contra él. Czentovic aceptó, siempre y cuando se le pagara lo que costaba jugar con él. Llegó el día de la partida y todos los hombres se reunieron para ver el encuentro, no obstante, todos terminaron participando de él, puesto que, al final, todos jugaban contra el campeón. Aún así perdieron.

Sucedieron varias partidas con el mismo desenlace, pero McConnor, que no permitía ser vencido en nada, seguía pidiendo revanchas y más revanchas. Durante una partida, apareció un sujeto que empezó a aconsejar los siguientes movimientos y logró que el juego terminara en un empate. Todos los caballeros presentes se sintieron admirados por su habilidad y le pidieron que se enfrentara él solo a Czentovic. El hombre se rehusó y huyó. Nuestro protagonista fue el enviado a tratar de convencerlo y, es aquí, donde comienza la historia que más nos interesa.

Este hombre era el abogado de gente importante dentro del imperio austriaco. Cuando Hitler comenzó a tomar poder, él fue uno de los hombres que se tomó como rehén para sonsacar información relevante. Su encierro no fue en un campo de concentración, sino que se lo llevaron para un cuarto donde lo único que había era una cama, una silla, una mesa y un lavabo. No había nada, absolutamente nada, con lo que ocupar la mente. Pasaba el tiempo sin saber qué hora era, sin diferenciar un día del otro, salvo cuando llegaban a darle su ración de alimento o cuando le tocaba bajar al lugar donde lo interrogaban y torturaban.

Conforme pasaba el tiempo, sintió que su mente se estaba debilitando y se terminaría volviendo loco y, probablemente, confesando todo lo que no quería decir. Estaba perdiendo toda esperanza, cuando encontró la forma de robar un pequeño libro. Arriesgo su vida y lo consiguió. Este libro contenía ciento cincuenta partidas de ajedrez. Se podrán imaginar que, como el hombre no tenía nada que hacer, leyó demasiadas veces el libro, tanto que se aprendió de memoria cada partida ahí descrita. Así fue como casi se volvió un genio en este juego y la razón por la cual logró casi vencer al campeón mundial.

Sin embargo, hay un lado oscuro en esa historia, que hace que el hombre se niegue a volver a jugar una partida, pero eso ya lo tendrán que averiguar ustedes porque yo no se los voy a contar.

Creo que de esta historia no tengo mucho que decir, salvo que la disfruté aunque se me hizo un poco lenta, pero ya les digo, la forma que tiene Zweig de contar las cosas hace que valga la pena.

Si le dan oportunidad a alguna de estas historias, me dicen qué les pareció.

Love always, Jhoss.

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